No pudrirse: imposible deseo de las frutas.
No pararse: ambición y condena de las fuentes.
Los pastos van cerrando el camino sin nombre del collado por el que tú volvías.
Conozco bien las piedras desde donde tus ojos oteaban los tesoros del valle.
Subo la cuesta y nadie va delante. Bajo y tu sombra no me sigue los pasos.
Mi corazón se ha vuelto charco turbio de lluvia donde tiembla tu rostro.