Pasas las horas mirándote las manos. En esta oscuridad tus manos son el fuego y las antorchas.
Hay un presentimiento que roza las paredes de tu alma.
Tus manos se parecen a árboles desnudos, a rutas que se pierden en los sueños.
Cuando abres las manos es como si mostrases un tesoro.
Muy temprano recogiste la sangre y su olor a impaciencia se vierte por la cueva.
Es extraña la sangre. Son extrañas las manos.
Frenéticamente mojas tus manos en la sangre una y mil veces. Frenéticamente imprimes tus manos una y mil veces en el duro silencio de la piedra.