La tarde incandesecente, primaveral y clara, se evade hacia las lindes en sombra del ocaso, abandonando voces, pupitres y ficheros, cementerios y perros, andenes y jacintos.
Pasan tibios retazos de palabras y risas y pájaros perdidos detrás de los cristales. Estalla primavera en todos los aleros Y en los adolescentes tendidos en la yerba.
Es hermosos vivir sintiéndose vivido, es cálido gozar la luz en compañía, es intenso sentir que la vida se agolpa en la palabra exacta y en los hondos silencios.
Es glorioso sentirse comenzar con la vida, levantarse la sangre en pie de amor; es dulce palpitar en la misma emoción inquietante y buscarse los labios, atónitos de besos.
Es preciso vivirse, desvivirse, gozarse y beberse a oleadas la tarde fugitiva, antes de que las horas arrastren a la arena los restos inservibles del último naufragio.