Ojalá que te bebas mis sueños, que mi nombre se extienda por todo tu cuerpo.
Que me pierda en tu piel de aceituna en las lentas horas de abril y de luna.
Ojalá a mi cintura se amarre la cinta de tu sangre oscura.
Y que por tus labios húmedos y sabios transiten mis besos de óxido y de llanto.
Ojalá que asciendas por mi sangre enhiesta con la fiebre izada como una bandera.
Aunque luego huyas. Aunque nunca vuelvas. Aunque torne negra esta primavera.
Aunque yo me muera.