Adagio
¿Qué estoy haciendo ahora, varada en mi ventana, mientras un nuevo otoño incendia los pinares y derrama en mi mesa su dulce llamarada?
(Y tu piel allá lejos, y tu boca temprana)
¿Y por qué este inventario de ardores y de inviernos, de la sed y del agua?
(Y tu risa perfecta. Y tu boca lejana…)
II En la soledad espesa de esta noche de octubre una puerta se abre… Tal vez sea sólo el viento. Seguramente, nadie.
Tal vez sólo la lluvia, penetrante y cercana, con sus húmedos dedos llamando en mis cristales.
Tal vez sólo el crujido con que se ensaña el tiempo sobre la piel opaca de las fotografías
Tal vez nunca se abra la puerta del deseo.
Mas tal vez esta noche de octubre suntuoso se produzca el milagro.
(Y ni yo sé decir el milagro que espero…) * * *