No creáis mi historia: los hombres la forjaron para que el sacro fuego de inventados hogares no se apagara nunca en femeniles lámparas.
No creáis mi historia Ni yo esperaba a Ulises Tantas Troyas y mares y distancias y olvidos…, ni mi urdimbre de tela desurdida de noche se trenzaba en su nombre.
Mi tela era mi escudo, no del honor de Ulises, no de la insomne espera del ya más extranjero que los lejanos príncipes que acechaban mi tálamo.
Y si el arco de Ulises esperaba su brazo, es porque yo al arquero sólo desdén profeso, y nada me interesan sus símbolos de pureza: sus espadas, sus arcos, sus tremolantes cascos y las espesas sangres de su inútil combate.
No creáis en mi historia Cuando volvió el ausente me encontró defendiendo con mi ingeniosa urdimbre mi derecho inviolable al tálamo vacío, a la paz de mis noches, al buscado silencio: la soledad es un lujo que los dioses envidian. De “Tiempo de lilas”