Vivace
I Tan alta era, tan alta, la torre de tu cuerpo.
Y tan honda, tan honda, mi raíz de misterio.
Yo no acerté a escalarla. Tú no bajaste al fondo profundo del deseo.
(Primavera lloraba soledad a lo lejos)
Se levantó la noche desde un mar de silencio.
II Qué fulgor derramado esta luna de cera, qué imparable este río de mis venas abiertas vertiéndose incesante en tu mar sin orillas.
Qué raudal de agonía desatinada y plena, de mi boca a tu boca, de mi mar a tu arena.
Qué deslumbrante herida, qué llama inapagada, qué dulce y ardua furia de vientos anudados, qué tierna la derrota despues de la batalla… * * *