La batalla del mar no ha terminado ni aquella pretensión que la devora de dar al mundo redención y aurora, convirtiendo el presente en su pasado,
y devolver la vida al olvidado reino que determina y que atesora el fatal cumplimiento de la hora, cuando el mañana sea devastado.
Entonces montarás en tu caballo y alado, en el infierno de la guerra, derramarás tu sangre en otro tallo,
beberás de otra vid que fluye y cierra la noche con el canto de algún gallo que, como tú, pensó heredar la tierra.