Ahora que en la noche ya se tienen y en sus ojos transita un leopardo, ahora que su sexo huele a nardo y sus lenguas felinas se contienen,
ella enmudece. Sus manos retienen el sangriento arañazo del guepardo. Nunca la ha amado. Sabe que es el bardo que acalla versos para que no suenen.
Ella le quiso y sabe que sus labios en jardines fructíferos se enraman. Se salvará en la noche, en cualquier cosa,
en hombres más sinceros y más sabios. En cuerpos que no mueren porque se aman ella es el mar, la eclosión de la rosa.