Te besaré en la luz y allá en lo oscuro, donde el día agoniza y va muriendo, y serás el misterio que no entiendo, y serás el prodigio que me auguro.
Te quiero a ti, puedes estar seguro, mi otra mitad, que va disminuyendo a medida que muero y que comprendo que de los dos perdurará el más puro.
Dejar de ser y transformarse en algo al mismo tiempo, amor, propio y ajeno, olvidar si uno es débil o uno es fuerte.
Y convertirse así en aquel hidalgo que combata en la lluvia y en el cieno para alterar los planes de la muerte.