Los espejos expanden su dominio cuando ofrecen imágenes certeras de lo que ha visto el hombre en las aceras de sus ciudades llenas de exterminio.
Un simple espectador sin raciocinio que ha contado innombrables calaveras, un cuerpo sumergido en las bañeras, un corazón ahogado de aluminio.
No hubo nada ni habrá ninguna vida que pueda soportar esta homicida tiranía de muertos sobre muertos.
No habrá ninguna luz que nos irradie, tan sólo unos instantes siempre inciertos y algún lugar que no recuerde nadie.