La noche me invitaba a regresarte con un baile festivo de arlequines, con la innata bondad de los delfines, con un temor horrendo de abrumarte.
La noche me obligaba a recobrarte, y aprendí a descubrirte en los confines de la tierra que surcan serafines con la misión secreta de guardarte.
Te han prohibido los dioses que regreses porque les acompañas en los meses que lloran el amor de las doncellas.
Porque eres tú el rincón de su alegría y el sueño que hace hermoso todavía poder creer en todas sus estrellas.