Te sé real, tangible y evidente, corporeidad rotunda que condena a muerte la belleza en la azucena, el tránsito del sol por occidente.
Renaces de la noche y del poniente y asciendes a la luz como una almena. Altiva en tu prisión de amante plena, combates contra un dios omnipotente.
Aspiras a la eterna pervivencia, a una lucha final contra la ausencia y a toda paz que el sufrimiento entable.
Porque no has renunciado a la imprevista condenación ni aún a la conquista de tu reino de amor inalcanzable.