Ya sé que no confías en la aurora, en su verdad oculta en los espejos, que te asustan de pronto los reflejos cuando te ves, eterna, en la demora.
Ya sé que compareces a deshora cuando anidan a oscuras los vencejos, que tu boca alimenta vivos tejos con esencias mortales, que elabora
el tiempo en una alquimia desolada, lentitud de metales casi mágicos convocando el recuerdo y su derroche,
el que hace que resurjas de la nada, que los sueños parezcan menos trágicos, que regreses en medio de la noche.