Te han dejado olvidada los poetas en el tacto del frío y de la ortiga y en la rosa te has vuelto su enemiga tal como te anunciaron los profetas.
En el vaivén azul de las veletas y el viento atormentado que te abriga, combates contra el mal que te castiga, esa muerte que te hace dar piruetas.
Pero te salvará otra vez el verso en el que tú, quizá, menos confías, el beso que por ti se hará converso
y que de noche en vano desafías para solicitar al universo la persistencia eterna de los días.