Jardín de olivos

Jardín de olivos

Esta noche de sangre y lunas rotas tú me has abandonado en los jardines nocturnos y olorosos de mi muerte. Pero ha sido tu marcha un desengaño sólo para los ojos, que no entienden que hace tiempo que te has sacrificado sin que tenga la culpa nadie y nada. En esta hora absoluta y decisiva me doy cuenta que es cierto que tú has muerto porque la soledad ya no es la misma, ni tu ausencia un regalo victorioso envuelto entre metáforas sencillas. Has muerto, amor, y no para mis ojos, desengañados siempre de encontrarte tan sólo por las calles del recuerdo; intuyo que habrás muerto en otro sitio, donde empieza mi muerte que transita buscando algún refugio entre tus manos ausentes, en tu cuerpo ausente, ausente donde mi corazón se vuelve niño. Invoco tu hermosura y tu regreso rezando en el jardín de los olivos, y sé que será en vano ya esperarte porque tu muerte muere más conmigo.