Tu reino no es visible en la distancia porque nace de mucho más adentro, del lugar donde Dios proclama el centro de su mundo repleto de arrogancia.
El lugar de la muerte, que es la estancia a la que con temor llamo y me adentro con la esperanza absurda que el encuentro de tu amor tenga alguna relevancia.
Llueve sin tregua y casi no me acuerdo de la corporeidad que siempre pierdo cuando el dolor te abraza y te regresa.
Tan sólo eres la imagen de tu sueño, un recuerdo fugaz y tan pequeño que el agua de la lluvia te atraviesa.