Réquiem por un suicida

Réquiem por un suicida

En la estancia vacía el suicida contempla las navajas y sus filos que cortan los tendones y los hilos del tenue resquebrajo de la vida.

Y adormeciendo el grito de la huida, escucha la canción de los vinilos y se despide del ciprés de Silos, de toda su tristeza sin medida.

En la noche cerrada de los sueños, los temores se le hacen hogareños. Nunca detuvo el viento el fiero potro.

Porque en las alas rotas de los besos, en la piel dolorida y en los huesos, nunca quedó en un hombre rastro de otro.