El lecho de espinas

El lecho de espinas

In lectulo meo per noctes quoesivi quem diligit anima mea: quoesivi illum, et non inveni (Cant. III)

En mi lecho de fl0res mi labio lo ama; no lo ama, no, tan sól0 lo sueña. Si el Amor no llega, yo me moriría. Si el Amor no llega- yo me moriré.

Lo buscan mis brazos, mi gemido lo llama: «¿Dónde estáis, Amador, puñadito de mirra? Decídmelo, por favor, si queréis que venga. No hay sueño en mis ojos, cuando el brazo no os tiene, cuando vos marcháis lejos está la elegría. Saldré a buscaros , cual cierva herida que busca la fuente, la fuente de agua viva.» Tropieza a los soldados que guardan la villa: «¿No habréis visto al Amor de mi vida?» Me han quitado el manto, el manto de viuda, y con sus manos crueles me han amortecido; mas, ay, de sus golpes apenas me dolía, que me quita el dolor más suave herida. Un poco más allá gemir oía. Lo veo en la Cruz donde, llamándome, expira, clavados pies y manos, la cabeza entre espinas. Los gemidos que hace, yo bien los entendía. Si el Amor no llega yo me moriría. Si el Amor no llega, yo me moriré. Cuando lo veo morir, mi corazón suspira; me abrazo a la Cruz cual a una cepa de viña. «Jesús, ya no quiero el lecho que me placía, os lo hice de flores y lo queréis de espinas; si en el vuestro me queréis, en él yo dormiría, clavados pies y manos, la cabeza entre espinas, y una lanzada en el corazón que me arrebate la vida.»

Versión de José Batlló