Todo se iba...

Todo se iba…

Había mujeres débiles, y además mujeres fáciles y mujeres fatales que lloraban gritaban sollozaban delante de hombres de paja que ardían Niños extraviados corrían por calles en ruinas muy pálidos al saber que nunca más volverían a encontrarse Y jefes de familia que ya no distinguían el suelo del techo revoloteaban de un piso al otro en una lluvia de felpudos de lámparas de cucharillas y de plumones Todo se iba La ciudad se desmoronaba bullía se desmenuzaba y giraba sobre sí misma sin que pareciera moverse Unos cerdos negros cegados en la súbita oscuridad de una pocilga moderna en desuso galopaban La ciudad se iba sudando sangre yagua envases de gas reventados Los que sólo soñaron en heridas y golpes se despertaban decapitados habiendo perdido peines y cepillos y otras cositas mundanas Una boda muy negra muerta de pie desde el padrino hasta los novios conservaban un equilibrio de ceniza petrificada frente a un fotógrafo torrado aterrado Ruinas recientes totalmente nuevas homenaje de guerra juegos de rompecabezas ganancias y pérdidas leña y carbón En l0 que quedaba de una casa de obreros una tortilla abandonada colgaba como ropa vieja sobre un ventanal roto y en las migajas de un viejo lecho calcinado mezcladas con el serrín gris de un armario volatilizado la carne humana se incorporaba al asado de carne comestible

En las bambalinas del progreso hombres íntegros proseguían integralmente la desintegración progresiva de la materia viva desamparada. De “La pluie et le beau temps” Versión de Aldo Pellegrini