Éxodo

Éxodo

Calla, viento. Que no te escuche nadie. Ni las humildes torres apenas esbozadas, ni las fieras murallas de cálidos colores. Calla tu fiel silencio generoso, velando mi secreto a todos los oídos. Claros, celestes ríos ilustran tu sendero. Los pájaros más leves te navegan. Acaricia, protege todo ello con mucha suavidad. Pero que nadie sepa, a orillas de mi pena, del afán que la mueve. Por igual vuelen tus átomos agudamente, como balas de nada diminutas, que llegan sin que nadie las espere, y se van sin que nadie las retenga.