La memoria es una piel que tu recuerdo llaga, una herida de torpe geometría, es una carne, un nervio vivos. Lacerada memoria donde el fuego es la violenta agua apaciguada. Miro así tu jadeo, en ese mar, en esas olas me hundo. Qué hermosa sed que nunca más se sacia, qué agua: no apagas sino incendias. Tu cuerpo resplandece con mi yesca; tallo tu imagen de carbón y es fósforo, sol, óxido el que brota de esta chispa de luz. Rescoldo quedan nuestros cuerpos y aluzamos todo cuanto habita la pieza. El júbilo se enciende. De los cuerpos que se besan viene este parto de la brasa. Los objetos adquieren sus perfiles de gracia y desdeñan la sombra.