I En el tacto interior de esas gaviotas hay un eco de sombras que conduce a una intemperie toda de cristal.
Lo que el aire levanta es su presencia que, en un compás de luces, se diluye hacia una abierta y sola identidad.
¡Qué profundo interior éste del aire, cuyas formas modulan su no ser!
II ¿Qué puede al hombre cautivar, sino la música que en la quietud la arena en sí eterniza y las olas tan sólo que a lo lejos una a una, en su olvido, repite sin cesar?
Como su cuerpo son, también, de sombra y entre su voz la sal es lo que dura y ese rumor del eco en transparencia de quien no sabe de otra eternidad.
¿Puede la música ser algo más que sombras hechas a medida de una idea, talladas en cristal por el que olvida que hace surgir un dios de entre sus notas?
¿O lo que aquí llamamos música pudiera muy bien llamarse el ala de una duda y el paraíso firme que sostienen interiores columnas de temblor?
De “Alegoría” 1977