La falda resbalaba por el fucsia frambuesa de sus medias. La lava, por su tez de tigresa.
Nevaba, sí, nevaba una canción francesa. Por su boca marchaba la armada japonesa.
Era París en mayo Boticelli: la diosa que surgía del tallo.
Cimabué. Cimarosa. Libertad: aquel rayo de pestaña furiosa.