Conforme va la vida descendiendo -bajamar de los últimos ocasos- se distinguen mejor sombras y pasos sobre esta playa en que a morir aprendo.
Acaba el sol por declinar. Los rasos de la luz se desgarran sin estruendo y del azul que ha ido enmudeciendo afloran ruinas de horas en pedazos.
Ese que toco, desmembrado leño, un día fue timón del barco erguido. que por piélagos diáfanos conduje.
En aquel mástil desplegué un ensueño. Y en estas velas, ¡ay!, siento que cruje todavía la sal de lo vivido.