1 Vuelvo sin mí; pero al partir llevaba en mí no sólo cuanto entonces era sino también, recóndita y ligera, esa patria interior que en nadie acaba. Oigo gemir la aurora que te alaba, músico litoral, viento en palmera, y me asedia la enjuta primavera que la razón, no el tiempo, presagiaba.
Entre el capullo que dejé y la impura corola que hoy en cada rama advierto pasaron lustros sin que abrieran rosas.
Viví sin ser… Y sólo me asegura, entre tanta abstención, de que no he muerto la fatiga de mí que hallo en las cosas.
2 ¿Quién habitó esta ausencia? ¿Qué suspiro interrumpo al hablar? ¿A quién despojo del recobrado cuerpo en que me alojo? ¿Quién mira con mis ojos lo que miro?
La luz que palpo, el aire que respiro, el peso del silencio que recojo, todo me opone un íntimo cerrojo y me declara intruso en mi retiro.
En vano el pie que avanzo coincide con la huella del pie que hundió en la arena el invisible igual que substituyo;
pues lo que el alma, al regresar, me pide no es duplicarse en cuanto me enajena ¡sin ser otra vez lo que destruyo!
3 ¡Espejo, calla! y tú, que en el furtivo recuerdo el filo de la voz bisela, eco, responde sin palabra. Y vela porque en tu ausencia al menos esté vivo…
Del mármol con que el ocio me encarcela quiero en vano extraer un brazo esquivo hacia ese blando mundo infinitivo en que todo está aún y todo vuela.
Estatua soy donde caí torrente, donde canto pasé, silencio duro y donde llama ardí ceniza esparzo.
Nada me afirma y nada me desmiente. Sólo tu golpe, corazón oscuro, a fuerza de latir aprieta el cuarzo.
4 Por esa fina herida silenciosa que siquiera da paso a la agonía, ¡ay!, entra, muerte, en mí, como la guía de la hiedra que el sol prende en la losa.
Abre -¡aunque sea así!- la última rosa en que tu fuerza adulta se extasía, ansia de ya no ser, llama tan fría que a su lado la luz parece umbrosa.
Rompe la plenitud, la simetría, el basalto en que acaba toda cosa que dura más de lo que tarda el día;
y, arrancándome al tedio que me acosa, envuélveme en tu vértigo, alegría, ¡afirmación total, muerte dichosa!