Tiempo

Tiempo

La noche se rompía en nuestras manos. Nos sitiaba el invierno.

Y tú estabas allí, desde la almena de unos ojos adversos,

engañándome, irguiéndote, llamándolo. Sin palabras. Sin gestos.

En tu mirada, un río de diamante me arrojaba, sin cólera, del tiempo.