El barco en llamas

El barco en llamas

Emprendí el camino al anochecer. El que busca suele ser esperado. Al que espera, le encuentran.

Fui dejando detrás pequeñas ciudades dormidas, rincones tejidos de hiedra, donde quedaba aún algo de la música de primavera, hasta que me atrapó la noche.

En su oscuridad estalló una llama. Alguien gritó: ¡Arde el barco! La lengua apasionada de la llama rozaba la desnudez del agua y los hombros de la joven temblaban de placer.

Bajo las nerviosas ramas del sauce que daba sombra a la fuente, en cuyo fondo se oculta la tiniebla cuando hay luz, vi a una joven. Empezaba a amanecer. Ella intentaba bajar del brocal un cubo mojado.

Tímidamente le pregunté si había visto la llama. Me miró con sorpresa, volvió hacia atrás la cabeza y un momento después, dudando, asintió.

Versión de Clara Janés