Eran tiempos muy duros. No era fácil vivir. Por eso madrugué por los despachos, volví mañana, les expuse el caso y conseguí un empleo para ella: tras mirarla a los ojos -al menos eso dijo- le entregaron la llave más preciada, pusieron a su cargo el alumbrado. Yo hice lo que pude, lo que en mi mano estaba. y no la he vuelto a ver: aquella misma noche me cortaron la luz.