En otro tiempo fue mi huésped, mi inseparable compañero, mi camarada. Compartía conmigo mesa, cama y techo.
Como al hermano que no tuve, le confiaba mis secretos, y él me llevaba de la mano por mundos mágicos y nuevos.
Me descubrió y abrió caminos en la frontera de los sueños. Me señaló ocultos tesoros sobre los mapas de los cuerpos.
Con él, la noche estaba llena de tentaciones y de vértigos. Con él, tenía sentido todo: el paraíso y el infierno.