A William Nessme
Eres, oh cuerpo oscuro, el siempre amado, desnudo lecho en que los días fueron y el placer de las noches donde ardieron el sueño, la pasión y lo sagrado. Por ti conoce el alma lo creado: las formas de las cosas bajo el día, tu desnudez más pura y la alegría de sentirte en la sombra sosegado; conoce el pan, el agua, la blancura y el mar que bajo el cielo tiembla al roce del ave y su secreta arquitectura… Tantos dones al alma has entregado que en la muerte, mi amor, sabré del goce de haber vivido un día lo creado.