Concha Armida

Concha Armida

A Luis Fracchia

Una mujer piadosa e iletrada; vivió en un mundo dulce y venturoso, tuvo un rancho, unos hijos, un esposo, fue una vida pequeña y ordenada. Nadie supo que en la aparente calma de su hogar el Espíritu moraba, que el amor de Jesús la devoraba y vulneraba su quietud de alma. Sólo el padre Rougier supo en secreto que ese fuego interior, arduo y discreto, era la confidencia misteriosa del dolor de la cruz y su agonía. Nos legó una orden religiosa y una vasta y profunda teología.