Me sedujiste, Amor, y me he dejado seducir, me forzaste y me pudiste, allanaste mi alcoba y le prendiste fuego a mi alto cuerpo amurallado; violaste con tus labios mi costado, a tu placer rendida me tuviste, mi goce a sequedad lo redujiste y a polvo mis encantos y mi agrado; tendida, cual la tierra contra el día, tus oscuras caricias me domaron hasta volverme yermo y luz baldía; y ahí donde tus labios se gozaron y sólo queda un hueco, un claro abismo, de tan simple y desnuda soy Tú mismo.