A Olga Ayub en su descendimiento

A Olga Ayub en su descendimiento

Una tierra devota, madre, un vientre para la miel de lo perdido, tierra de todos en el insbrik, cobre esbelto donde la espuma multiplicaba tu rostro. Busco la duración y no aparece. Veo desplegarse la oscuridad labrada desde un brillo solitario.

Surgen en mi incertidumbre muertas un puñado de hojas grises.

Las formas ceden a lo inmóvil: humo obstinado en engarzar las perlas.

Sangra en el vidrio, astillada, la claridad.

Ráfagas, hojas y el blanco templo de muros que se esfuman. La memoria de los sueños son rosas que te salvan, noticias que traen los pájaros cuando es preciso despertar sobre la rota espuma.

La melancolía es destino diciéndonos lo que no somos: un huerto tejido de sombras, la cicatriz de la tarde, el rostro que lucha por saber quién fue.

En el portal los pájaros recuerdan el viaje -y sin embargo

temo perder lo que de ti queda cuando te vas.