Alba

Alba

A Jean-Marie Roosbroeck

I Contemplar un jardín. Tras la cancela un vago rumor de sombra: impune amanecer, ya casi luz vencida, y más luces que se insinúan. Dalias y moluscos, gaviotas y jazmines tu plenitud asumen, tu soledad. Los muros, encalados, encubren la noche en pie, su historia.

Ver la nube lacia, como si el mar fuese a la tarde un buque encallado entre labios de espuma. El mar. ¡Qué dulce silencio! Inmensidad sin nombre. En ti concluye todo, el amor, el tiempo, el chamariz que cruje bajo el zarpazo tímido del sol y ese insomnio de piedra que ha de fluir y acrece lo que es dolor, y duele, y se consume. II Contemplar un jardín. O el mar. Mejor el mar. Qué importa la vastedad del cielo en esta hora frágil. Qué importaría.

Sientes la luz herirte y aprisionas su sonido tenaz. Si una palabra hubiera, si una sola palabra, que bastase. Como a estas aguas quietas, para existir, sus olas.

“Víspera de la destrucción” 1966 - 1968