La realidad. El tiempo. Ves tu mano sobre una taza. El humo difumina las cosas. Tu cigarro. Aquí termina tu verdad, cuanto tocas. Sabes vano
el amor, puro viento de verano que el otoño deshace e ilumina con dejadez. La sombra que declina envuelve los objetos, como un vano
rescoldo de luz pura. Vuela intacto a la viscosa oscuridad de donde surgió. La paz, de nuevo. Sosegada
notas el alma en ti. Borroso, el tacto desdibuja tu cuerpo y te lo esconde bajo otro cielo gris. No sientes nada. “Víspera de la destrucción” 1966 - 1968