Estas palabras que te escribo piensan de modo diferente y en otras cosas que no son tú y yo. Pero es difícil rehuirlas. Vienen para negarme la mudez, ser carne, aún sabiéndose infieles porque no son espejos, ni conocen el temblor que te invade cuando duermes desnuda junto a mí. No sé decirlo y, sin embargo, ellas acuden siempre y te acarician. Las palabras son mi forma de estar solo y ofrecerte una pequeña sensación, un gesto sin importancia. Tómalas. No mienten. Son como son. No buscan la agonía, pero tampoco eluden convertirse en muerte, dar testimonio sin venir a mí, ser ellas mismas aunque yo las niegue. Si mis palabras no hablan del amor, es sólo porque piensan de modo diferente.
De “Tabula rasa” 1985