Por qué dudar. No temo la aventura. El deseo no es nada sino el deseo de romper la superficie donde habitan todas las superficies, de hablar con un lenguaje sin pronombres ni géneros, sin verbos en pasado o en futuro, de comprender, al fin, por qué la muerte es dura: porque tu cuerpo ausente es sólo superficie. La voz que me habla con tus ojos es más profunda y dulce que el olor de las rosas cuando estas flores imaginan la nieve que se posa con delicadeza sobre tu piel, y nadie, ni siquiera la lluvia, como pequeñas manos, puede ser otra cosa que temblor. Esta explosión de pétalos que se eriza en mis dedos cubre tu desnudez, y el vaho de tus labios como un rostro confuso construye, poco a poco, otro silencio para mi silencio. Cerrar mis ojos y saber quién soy. Si tú no estás la luz ya no es posible. Si estás aquí la luz no es necesaria. La audacia de adentrarnos, solos y juntos, en la madrugada.
De “Tabula rasa” 1985