Si existe un cielo, llevará tu nombre, vendrá despacio cada noche, se sentará a mi lado, y con el resto de la que fue solícita ternura quizá me ofrezca compañía. Cómo negarme a su calor, si es todo cuanto queda. Tendrá tus mismos ojos, su claridad sin límites, y el verde aroma que tu cuerpo exhala como quien abre puertas en la oscuridad. Si existe un cielo, el cielo serás tú, tú, territorio cuya piel transito mientras la muerte gira alrededor.
“La mirada extranjera” 1984-1985