Sucesión temporal II

Sucesión temporal II

El cartel claramente la anuncia: Prohibido. Y lo subraya: No arrojar la basura. Y apagadas celindas, diminutas, sin orden. Pareces responder a su mirada. Llevas un bonito vestido. Sí, no empieces otra vez. El crepúsculo siempre es triste. O acaso era al amanecer. No la recuerdo. Nunca me lo habías dicho antes. Llueve. Corramos hasta un cine. No importa. Tú acabas de cumplir veinte años. ¿Me quieres o no? Sí, tal vez no me quieras ya. Qué fragante la noche. De las celindas sube un tenue olor que nos envuelve, cálido. Por siempre. Nos amaremos siempre.

Cómo has cambiado, amor. ¿Cuánto tiempo? Sí, llevas un bonito vestido. Se hace tarde. Me esperan. Ahora, incluso te esperan. Ya lo ves. Y a ti ¿cómo te va? Junto a estas tapias derruidas, el tiempo parece detenido. Miras desvanecerse en humo tantas flores silvestres sobre el sucio cartel. Qué poco queda de nosotros, ¿verdad? Aunque ya qué decir. Meditar en silencio. Sí, volvamos, es tarde. A menudo prefiero ir en silencio. Ahora todo es distinto. ¿No te molesta? No. Me da igual. Amor mío, cuánta tristeza inútil. Y oyes vibrar el viento entre los matorrales.

“Víspera de la destrucción” 1966 - 1968