Como aquel alfarero que rompía las jarras...

Como aquel alfarero que rompía las jarras…

Como aquel alfarero que rompía las jarras nada más terminarlas. Sin perder la sonrisa destrozaba los platos y los vasos

y luego se ponía a decorar los fragmentos dispersos por el suelo con sangre que sacaba gota a gota de sus dedos y brazos, de sus muslos, de las callosas plantas de sus pies.

Extraía de sí los pigmentos del alma hasta quedar exhausto y venir los insectos a chupar sus heridas. Los vecinos, por compasión, ponían monedas en el torno y se llevaban trozos de loza hasta sus casas.

Al despertar seguía sonriendo y de nuevo amasaba en el barro mojado las formas de lo informe, los diminutos cuencos donde cabe lo eterno.

Vikram Babu pregunta: ¿dónde bebes?