No lamento tu ausencia, no me alegro tampoco...

No lamento tu ausencia, no me alegro tampoco…

No lamento tu ausencia‚ no me alegro tampoco: esta paz de tenerte como siempre en las manos es parte de mi amor‚ de este nuevo sentido que has puesto en mis sentidos‚

y no es que estés muy lejos‚ es que madura lento lo que más nos importa y el tiempo y el espacio son frutas delicadas·

De “Semillas para un cuerpo” 1988

Juan se llevaría la palabra isla. Así, ante las preguntas sibilinas que siempre son el crepitar del fuego, el graznido del cormorán o el repiqueteo de la lluvia, y de cuya contestación dependen que se nos entreguen o que nos rechacen, podría decirles: “me llamo Juan y estoy en una isla”. Y luego ya en voz baja y para darse ánimos, seguiría: “sé mi nombre y el nombre del lugar donde habito. Con estas certezas construiré de nuevo el mundo. Haré que dialoguen sin pausa hasta que estalle el orden felino del lenguaje”. De los abrazos tiernos y de los sanguinarios duelos de la palabra isla y de la palabra Juan, de los chispazos del amor y del odio, surgirán las palabras otro, armazón, desasosiego, velamen… e infinitas más que, al irse despertando clamarían por un lugar propio, y cuando ya no cupieran allí hallarían entre todas la palabra ballena y esta pugnando como si fuera una pelota, empujaría la isla hasta el límite del mundo. Entonces Juan, instintivamente, tomaría una por una todas las palabras y las arrojaría al abismo. Cuando sólo le volvieran a quedar la palabra Juan y la palabra isla se diría: “¿no sería más divertido, por más difícil, reinventar una vez más el mundo ahora únicamente con una de estas dos palabras?” Y con un júbilo sereno se desharía de la palabra Juan.

Variaciones sobre la tristeza

No sirve lo que fui: lo que no he sido es lo importante. Mi pasado no existe de tanto no quererlo. Es de los otros, mas no mío. No reluce ni sabe cegar como los seres de la nada. Mas no es fácil volver sobre mis pasos para encontrar los labios no besados, los cuerpos (no elegidos no para poseerlos: para darlos también y volverme tan pobre que ni la muerte sepa qué hacer para matarme). Lo que he sido y se me escapa es lo que soy, el fugitivo, el triste, el imposible, el traicionado por el tiempo, el tachado, el inútil, pero dónde buscarlo para hablarle de mí y meterme en sus sueños.