Todo lo que decimos da vueltas y más vueltas rueda desde nosotros a nosotros baja por la pendiente que llamamos espalda mundo ser da vueltas y más vueltas para encerrarnos juntos en la bola de nieve en el alud de círculos que van por la ladera creciendo y retumbando aplastando lo frágil la huella de los lobos y al Viejo Excursionista expulsado del cielo.
II Y lo que no decimos da vueltas y más vueltas gira sobre sí mismo en loca rotación que provoca una llama invisible un incendio que se extiende imparable por un bosque ocupado por seres que no existen por seres imposibles o vacíos habitantes M cero o de la nada que escuchan temerosos el no-chisporroteo de las llamas y ponen sus no-piernas a correr estampida de huecos que buscan una forma donde estar a salvo del no-bosque que se quema una forma o palabra o barro o nota el estruendo de un círculo bajando una montaña que aplaste lo más frágil la huella del Silencio.
III Todo lo que decimos o callamos da vueltas y más vueltas abrazo de espirales que giran enredándose las curvas enlazadas a las curvas remolino de curvas que forman la palabra y su silencio agujero que busca sus paredes de vidrio para llamarse vaso tierra que busca el aire para llamarse halcón remolino de círculos que escapan de sí mismos de círculos abiertos enganchados forzándose a decir lo que callan y a callar lo que dicen no-palabra que busca que alguien la pronuncie para llamarse tiempo y palabra que busca la mano que la borre para llamarse amor no-palabra y palabra que se enredan mientras van por el aire y se olvidan de qué estaban buscando y se rozan se frenan se detienen de pronto un círculo o tifón dormido en el vacío un círculo al que un ojo sueña desde el vacío.
IV Un círculo y un ojo que se miran despacio mientras ruedan inmóviles la ladera hacia arriba y aplastan lo más frágil algo que estaba en ellos y dejaron caer un punto una pupila el centro de sí mismos algo que estaba en ellos y ya no necesitan pues ya no son palabra o no-palabra sino tiempo y amor un círculo incansablemente quieto que se evadió del punto o centro o Dios y que ahora lo aplasta en el ahora.
No estés triste‚ mi amor‚ y si lo estás‚ que tu tristeza sea un modo de vengarte de Dios y de las flores‚ de la alegría inútil que debe ser la vida según ellos‚ y no estés triste nunca por las cosas que pasan o no pasan‚ sino solo por esto: porque contempla la tristeza desde lejos a Dios y a las flores y al tiempo y nos lleva al lugar donde amar es posible.
De “Semillas para un cuerpo” 1988
No lamento tu ausencia‚ no me alegro tampoco: esta paz de tenerte como siempre en las manos es parte de mi amor‚ de este nuevo sentido que has puesto en mis sentidos‚
y no es que estés muy lejos‚ es que madura lento lo que más nos importa y el tiempo y el espacio son frutas delicadas·
De “Semillas para un cuerpo” 1988
Juan se llevaría la palabra isla. Así, ante las preguntas sibilinas que siempre son el crepitar del fuego, el graznido del cormorán o el repiqueteo de la lluvia, y de cuya contestación dependen que se nos entreguen o que nos rechacen, podría decirles: “me llamo Juan y estoy en una isla”. Y luego ya en voz baja y para darse ánimos, seguiría: “sé mi nombre y el nombre del lugar donde habito. Con estas certezas construiré de nuevo el mundo. Haré que dialoguen sin pausa hasta que estalle el orden felino del lenguaje”. De los abrazos tiernos y de los sanguinarios duelos de la palabra isla y de la palabra Juan, de los chispazos del amor y del odio, surgirán las palabras otro, armazón, desasosiego, velamen… e infinitas más que, al irse despertando clamarían por un lugar propio, y cuando ya no cupieran allí hallarían entre todas la palabra ballena y esta pugnando como si fuera una pelota, empujaría la isla hasta el límite del mundo. Entonces Juan, instintivamente, tomaría una por una todas las palabras y las arrojaría al abismo. Cuando sólo le volvieran a quedar la palabra Juan y la palabra isla se diría: “¿no sería más divertido, por más difícil, reinventar una vez más el mundo ahora únicamente con una de estas dos palabras?” Y con un júbilo sereno se desharía de la palabra Juan.
Variaciones sobre la tristeza
No sirve lo que fui: lo que no he sido es lo importante. Mi pasado no existe de tanto no quererlo. Es de los otros, mas no mío. No reluce ni sabe cegar como los seres de la nada. Mas no es fácil volver sobre mis pasos para encontrar los labios no besados, los cuerpos (no elegidos no para poseerlos: para darlos también y volverme tan pobre que ni la muerte sepa qué hacer para matarme). Lo que he sido y se me escapa es lo que soy, el fugitivo, el triste, el imposible, el traicionado por el tiempo, el tachado, el inútil, pero dónde buscarlo para hablarle de mí y meterme en sus sueños.