Antoni Tàpies

Antoni Tàpies

Tàpies: He recibido tu carta. Muy, muy agradecido por las postales de Miró. Ahora ya no me falta ninguna. Creo firmemente en la sinceridad de tu carta y estoy muy contento de tu paso. Por fin te has dado cuenta de hasta qué punto va llena de veneno la serpiente que aún colea. Tàpies: no aplastarán la tierra los déspotas. Debemos cambiar -me ha escrito Cabral-, debemos tener la certeza de que hay que cambiar. Éste es el primer paso. Veo que tú, sin embargo, has alcanzado la palanca del arroyo. Has hecho de un árbol otro árbol. Los árboles se enlazan unos a los otros. Que nada de eso se convierta en letra muerta, fosforescencia de espíritu libresco. Sí, Tàpies, aquí abajo todavía el silencio comanda. La flor y nata del buen vivir se ha vuelto un montón de oscuridad cercada con cañas. Dau al Set continúa siendo la oscura revistilla representativa tan sólo de nuestras minucias. Ponç, Puig y yo no queremos respirar más en estas estrecheces y, ante las respuestas secas del director, hemos dejado de colaborar. Ya verás, ya verás los números que salen y los próximos que saldrán. ¡Están llenos de muerte, los desventurados! Siempre el mismo canto triste acompasado con el sonido de cascabeles podridos. Sin embargo, al final, han caído, mortecinos y oscuros, las doce, y nosotros, como te he dicho, hemos encendido la luz y hemos ganado la explanada. Envíame fotografías de los cuadros que pintes. Creo que trabajas mucho. ¿Sale muy rabiosa tu pintura? No me lo parece. París y tú ya debéis ser como hiedra y tronco. Lo malo es que ya se te va marchitando la rosa de la beca. Cuando llegues a Barcelona te parecerá que te hundes en un pozo profundo, sí, muy profundo. Aquí los ricos se dan besos en los guantes mientras los pobres arrastran el culo risco abajo. El jardín de la gaya ciencia va lleno de adulacristos. Todo rumorea de silencio. Todos protestan de ello. Hoy, uno de mayo, los policías van de cuatro en cuatro. En fin, Tpies, no quisiera que se me amodorrase el alma teniendo que llamar con estas frases. Baja, amigo, y todo nos cogerá brillo en las manos porque, como ya sabes, el tiempo nos da la razón a nosotros, que tenemos el mejor vino hirviendo muy cerca del rescoldo.

_1 de mayo de 1951

Versión de Andrés Sánchez Robayna_