En los troncos topando de cabeza, hacia el agua avanzando vagorosa, del todo sola va la vaca. Es ciega. De una pedrada harto certera un ojo le ha deshecho el boyero, y en el otro se le ha puesto una tela. La vaca es ciega. Va a abrevarse a la fuente que solía, mas no cual otras veces con firmeza, ni con sus compañeras, sino sola. Sus hermanas por lomas y cañadas, por silencio de prados y riberas, hacen sonar la esquila mientras pastan hierba fresca al azar. Ella caería. Topa de morro en la gastada pila, afrentada se arredra, pero torna, dobla la frente al agua y bebe en calma. Poco y casi sin sed; después levanta al cielo enorme la testuz cornuda con gesto de tragedia; parpadea sobre las muertas niñas, y se vuelve, bajo el ardiente sol, de lumbre huérfana, por sendas que no olvida, vacilando, blandiendo en languidez la larga cola. Versión de Miguel de Unamuno