Miércoles de ceniza

Miércoles de ceniza

¡Miércoles de Ceniza, oh tú que extiendes tus nubes rosadas sobre la ciudad de mis pensamientos, igual que en la otra de calles pobladas! Es en ésta que algún sonriente rayo del sol de febrero deja la alegría. También sonríen mis nubes, cruzadas por un chorro de poesía.

Es como una vuelta eterna al principio, es la juventud siempre renovada. De la neblina del mucho pensar surge una palabra toda iluminada con un sentido nuevo: la niebla se deshace, y el pensamiento toma otra vez fuerza; un día, esta palabra te tendrá a ti; también a ti, al verla impresa; y también a tus ojos atónitos brillará en ese instante, como recién creada.

Seré yo quien entraré traidoramente en tu casa, cuando menos lo pienses, y aguardaré allí, en la penumbra durante días, hasta que al verte solo en tu alcoba, recluido en la tristeza, sobre ti caeré cual chorro de sol con mi perenne grito juvenil. Me meteré en tus ojos, hasta tu corazón. Mi brillante puñal hasta la entraña te penetrará, dándote la vida con la muerte. Versión de José Batlló