Un sábado en el cine, al declinar la tarde, la película tierna, pero dura, de un chico deficiente y de su hermano. Cogidos de la mano en la penumbra, lloramos, vuestra madre y yo, angustiados por la muerte, que aún es más injusta si dejamos atrás un desamparo. Recordadnos felices: lo hemos sido. Los ojos de Joana hacen que sea más llena aún de afecto nuestra vida pero más desolada nuestra muerte.
Duerme, Joana. Y que este Loverman oscuro y trágico del saxo de tu hermano en Montjuïc te pueda acompañar toda la eternidad por los caminos que son bien conocidos por la música. Duerme, Joana, duerme. Y a poder ser no olvides tus años en el nido que dentro de nosotros has dejado. Mientras envejecemos, conservaremos todos los colores que han brillado en tus ojos. Duerme, Joana. Esta es nuestra casa, y todo lo ilumina tu sonrisa. Un tranquilo silencio: aquí esperamos redondear estas piedras del dolor para que cuanto fuiste sea música, la música que llene nuestro invierno.