Es triste poner Gershwin sin poder abrazarte. Somos el blanco y negro de una vieja película: las parejas bailando, y los barcos de guerra que han de zarpar al alba. Quizá fui aquel muchacho que pereció en combate, y tú aquella muchacha que nunca olvidaría la canción. Vivimos en la sombra su mañana perdido en oscuros bailables. Pero hoy, aquella música se toca en los conciertos y nadie ya la baila. Hemos errado el tiempo, destruido los recuerdos. La fiesta está acabando: guarda el último baile -la luz de oro del saxo y una pieza de Gershwin- para cuando se acerque la hora de embarcar en el buque de guerra.