Guarda un aire burgués de veraneo y a la vez de escapadas clandestinas, pero ya es un suburbio. La ciudad surge en el horizonte de la playa. Comienza a amanecer, los albañiles encienden una hoguera al pie de una obra. Calles entre jardines silenciosos acaban en la playa, y el asfalto se cubre de un sutil tapiz de arena. Despintado y cerrado, hay un viejo club náutico mirando el herrumbriento sol que surge despacio desde el mar. Un avión sobrevuela a baja altura: una pátina rosa recubre el fuselaje por el lado del mar. Vulgares, atestadas en verano, dignas y desoladas en invierno, son igual que el amor estas afueras. * * *