Pasajera

Pasajera

En el gran ventanal del aeropuerto un alba de luz blanca entre la niebla se alza ante la muchacha con un libro que nunca alcanzará a poder leer. Mi juventud está también ahí, en esas páginas de papel biblia del grueso tomo encuadernado en pie de los rusos del siglo diecinueve.

Natashas y Nastenkas, silenciosas amigas de las cuales aprendí a buscar las pequeñas esperanzas como si fuesen conchas en la orilla: todavía imagino que esperáis a que llegue en la nieve y la ventisca una abrigada sombra del amor.

También la chica inmóvil en la silla de ruedas sabe que no llegaré. Levanta la mirada hacia nostálgico: fuselajes de aviones que descansan como gaviotas en un mar helado. Acoged a mi hija, amigas mías, pues yo no tengo rostro para ella: mi rostro ya no es más que un ventanal de aeropuerto con luz de noches blancas. * * *